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MAESTRO NACIONAL

Por Miguel Ángel Minchero (Minchi). Publicado el 27 de febrero de 2017.

Hace poco tuve el honor de recibir de manos de mi Maestro el título de Maestro Nacional de Aikido. Es el colofón a casi dieciocho años de dedicación a lo que comenzó siendo una afición, se convirtió en una forma de vida y espero que se convierta en un modo de ganar la vida.


Este título recibido es el máximo grado de enseñanza. Y para mi no hay mayor honor ni mayor reconocimiento que recibirlo de manos de mi Maestro, mentor y amigo, y rodeado de mis compañeros... pero no me siento un Maestro, nunca me he sentido así.


La palabra que lo define mejor es “transmisor”. Lo que sé no lo enseño, lo comparto, y el único mérito del que me enorgullezco es de tratar de aprender todo lo que pueda y a aprender cualquier herramienta para saber cómo se  transmite para poder compartirlo y del modo más eficaz posible.


Un Maestro siempre le he visto como alguien por encima de mi, que sabe más que yo y del que siempre aprendo. Yo no me veo así con los demás, aunque lo diga un papel. Me veo como un compañero que comparte lo que sabe para que todos nos podamos beneficiar y progresar, haciendo mi aportación al grupo como los demás  compañeros también lo hacen, y siempre en deuda con los demás, porque aprendo más y recibo más de lo que doy.


Como tal, recibo con la misma alegría que doy. Para mi, todos son compañeros (menos mi Maestro, por el que siento una gran admiración y un profundo respeto), incluso los niños que tengo a mi cargo.


Los más pequeños han sido los que más me han aportado, al tener que

modificar mi forma de pensar y de compartir lo que sé con ellos. Y eso me ha enriquecido de un modo que nunca llegué a imaginar.


Quizás no tenga madera de Maestro por ser incapaz de asumir ese rol de líder o de guía. Sólo sé compartir, no sé estar por encima de nadie, no me siento cómodo, no me siento yo mismo. Y pienso seguir así, mal que le pese a alguno y decepcione a más.


Como le dije a un compañero que me felicitó en privado, se ajustaría más a mi forma de ver el Aikido el título de “Alumno Nacional” que el de “Maestro Nacional”. Aun así, asumo la responsabilidad que conlleva este título. Ahora para no desmerecer a aquellos que tienen mi mismo grado académico me esforzaré más en aprender, en innovar, en actualizarme para poder seguir compartiendo lo que sé, sin reservas.


Para mi, no hay mayor satisfacción que salir del tatami después de haberme “vaciado”, de haber transmitido todo lo que puedo aportar para mejorar a mis compañeros. Nunca me he sentido superior a nadie por saber algo que no sepa. Mi idea siempre ha sido la que me transmite mi Maestro: “si compartes todo lo que sabes, progresamos

todos; y si progresamos todos, crecemos todos”.


Sólo soy uno más. El hecho de tener ahora el título de Maestro o de tener tal grado Dan no me hace distinto ni superior del que entra nuevo en el tatami: los dos tenemos que aprender mútuamente de ambos. 

Aún así, os estoy muy agradecido a todos por las muestras de sincero afecto y reconocimiento que me habéis aportado.


Domo arigato gozaimashita.

Minchi.

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